Muchos padres y madres se preguntan si es positivo reforzar a sus hijos con elogios constantes (“qué listo eres”, “qué bien lo haces”) o si, por el contrario, esto puede generar dependencia de la aprobación externa. En la actualidad se habla de la importancia de un refuerzo más centrado en el esfuerzo y en el proceso (“has trabajado mucho”, “me gusta cómo lo intentaste”), porque ayuda a que los niños desarrollen motivación interna y una autoestima más sólida.
¿Creéis que es mejor elogiar siempre para motivar, o dosificar y cuidar la forma en que se hace?